Pasaron los años y la culebra y el muchachito crecieron, siguiendo amigo el uno del otro. Más un día, por la cosa del destino, tuvieron que separarse, ya que aquel niño acababa de cumplir la edad para el servicio militar. Tras nueve años de mili volvió al pueblo y, echando en falta a su amiga culebra, se encaminó hacia ``Cabeza Jiosa´´ y desde sus proximidades la llamó mediante un silbido, como siempre había hecho.
Cuentan que la serpiente salió al encuentro del joven y que se le lió al cuerpo dándole tan fuerte achuchón que lo mató.
Pero, ¿tan grande era la serpiente?
De ``Cabeza Jiosa´´ a Santa Marina la Vieja hay solamente un trecho. En aquella ermita tenía la culebra su guarida, aunque ello se descubrió más tarde: Una noche poco clara el ermitaño observó un resplandor dentro de la ermita. Al mirar por la ventana vio como la serpiente estaba dentro, incorporada sobre parte de su cuerpo, teniendo sus ojos fijos en los ojos de la Santa. Sin duda pretendía hipnotizar la imagen de Santa Marina, como si de una mujer de carne y hueso se tratara.
El buen hombre se armó de valor, rezó el correspondiente padrenuestro y con una espada se acercó hasta la serpiente, sin que ésta se moviera lo más mínimo. El padrenuestro debió darle al ermitaño una fuerza sobrenatural, ya que de un solo tajo separó la cabeza del resto del cuerpo del reptil. Y eso que su tamaño era enorme.
Dicen los viejos cronicones que en cada uno de los huecos de las cuencas de los ojos, una vez vacías, se colgó un esquilón. Siendo así que el cráneo del reptil de ``Cabeza Jiosa´´ fue utilizado durante muchos años de espadaña en la ermita de santa Marina la Vieja.
Cuenta la leyenda, que cierto día, un pícaro jovencito llegó a la orilla del río para cruzar y se valió de su ingenio para cruzar sin pagar. Le dijo al barquero que le dejara cruzar gratis y a cambio le contaría tres verdades, la primera al subir en la barca, la segunda en el medio del trayecto y la tercera al llegar a la otra orilla, el barquero aceptó. Al montar el joven en la barca le dijo:
-Te diré mi primera verdad: ``el pan mejor duro que ninguno´´.
Al llegar al medio del río el muchacho le dijo la segunda verdad:
-``Los zapatos aunque estén rotos mejor en el pié que en la mano´´.
Y al llegar al final de la travesía el joven le dijo:
-Y para terminar te diré la tercera verdad: ``Si a todos le haces como a mí, no sé qué pintas aquí´´
Y así fue como un joven picaruelo pasó de una orilla a otra, burlándose del barquero
Todavía se conservan las maderas de la barca, que están la puerta de un corral que está por encima del antiguo estanco de Ahigal.













